Árboles negros

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domingo, 7 de marzo de 2010

Conversar con Dios

Fernando José Martínez Alderete
Estudiante de comunicación UIA León.

Llega el tiempo de cuaresma, muchos piensan ¡Viva, vacaciones a la vista! ¡así nos podremos liberar por unos momentos de las cargas del semestre! Eso tiene solamente una parte de verdad.

El periodo de descanso obligatorio que nos ofrece la semana santa, es una oportunidad para ejercitar la capacidad de amar, es cuando el espíritu y la conciencia humana deben trabajar en el conocimiento de la dulzura de Dios para sus criaturas presente en el Señor hecho hombre.

Es verdad que se nos ha dicho que debemos reflexionar en esta temporada más que en ninguna otra en el sacrificio de Cristo, el dolor de su cruz y nuestros pecados. Sí, debemos hacerlo, pero creo que podríamos enfocarnos mucho más en meditar sobre la grandeza de la misericordia divina, en encontrar la paz, el amor cada día a través del agradecimiento por todos los dones que recibimos del Espíritu Santo por medio de Jesús, reconocer su bondad en cada instante.

Me gustaría hacer una invitación a la humanidad a introducirse en meditación, buscar la presencia del altísimo en la oración, en la contemplación maravillosa de la encarnación muerte y resurrección de su hijo para enseñarnos la bendición que tenemos al contar con su apoyo, instrucción consuelo y salvación incesantes en nuestras debilidades.

A muchas personas les causa cierto miedo meterse en el interior de la conciencia; teme descubrir cosas desagradables de su comportamiento que le generen culpa y prefiere evitarlo. Pero ese sentimiento es mejor entregarlo al Señor transformándolo en ayuda para los más necesitados; ver el regalo del Verbo de Dios en la imagen de todos los hombres, visitando a un anciano en soledad, a un enfermo, rezando con él o tomándote el tiempo de escuchar a los que te rodean y muchas cosas sencillas más.

Practiquemos esto, preparemos nuestro corazón para la alegría de la vida eterna que se nos muestra cuando el Hijo del Hombre vence a la muerte.

Aprovechemos este tiempo para hablar con Él de una manera sincera, afectiva y entregada. Para eso nos sirven las vacaciones, así ningún asunto podrá intervenir en nuestra conversación individual con nuestro redentor.

Hacer las cosas con amor es la mejor acción de gracias que podemos dar.

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