Por Fernando José Martínez Alderete
Semanario Bitácora Cultural
Tijuana Baja California
No cabe la menor duda que hablar un idioma distinto al propio tiene sus obstáculos, esa fue la primera reflexión que tuve cuando me fue difícil entender una de las tantas palabras escritas en una novela en inglés. Como chispa me surgió la inquietud de saber si tenemos realmente una lengua madre de todas las existentes hasta hoy día. Alimentando mi curiosidad busqué en varios libros, revistas electrónicas y documentos personales y existe verdaderamente toda una discusión al respecto: hay quienes afirman que el origen de varias lenguas o todas en su defecto se encuentra en el sánscrito, lengua antigua de los persas; otros, sostienen que es el arameo; y así hay muchas versiones más. Todo esto me hizo pensar lo siguiente: todas las palabras que conforman nuestro lenguaje las aprendemos por imitación de los adultos que nos educaron; entonces, ¿Qué pasaría si los seres humanos no pronunciáramoscomunicarnos. Herodoto, reconocido historiador griego del siglo VIII a.c., menciona que uno de los muchos reyes de Egipto (Psamico I) ordenó a un matrimonio que estaba a su servicio el cederle a sus dos hijos recién nacidos para llevar a cabo un experimento: mandó encerrar a los niños en un palacio con algunos sirvientes para aislarlos del mundo y así poder ver cual sería la lengua que hablarían al no tener contacto con la gente. El faraón para asegurarse del éxito de su prueba decretó que ningún lacayo debía hacer sonido alguno delante de los niños, bajo amenaza de muerte; sin embargo, había instrucciones precisas de que se les dieran maderas, metales, piedras, telas y comida, de ese modo los pequeños construyeran herramientas y cosas para subsistir. Al cabo de varios años los infantes pronunciarían la frase “Becos” que quiere decir pan en el idioma frigio (una lengua muerta de Turquía central; de ahí se dedujo que el frigio fue la primera lengua en hablarse en el mundo). (1) Aunque todo esto sugiere una mera hipótesis, casi una fantasía, lo importante fue que los pequeños con su inventiva hicieron instrumentos musicales, tales como flautas y cuerdas, que armaron utilizando maderas finas, hilos fuego, entre otras cosas, cuyas ondas sonoras se cree fueron los detonantes hacia voces gramaticales transformadas en lenguaje corriente para esos niños. Al parecer cerebro, habla, y música se encuentran ligados entre si. Muchos científicos consideran que la música es innata en el Hombre. El Dr. Mark Tramo, músico, compositor, neurólogo, director del The institute for music and brain science de la Hardvad medical school (2), expresa que a través de la música es posible desarrollar más rápido el habla de un bebé, incluso si se aplica desde el vientre materno. Cuando un acorde que resuelve una sinfonía nos produce un delicioso escalofrío, se activan en el cerebro los mismos centros de placer en ambos hemisferios que actúan cuando nos enamoramos, al comer chocolate o tomar ciertas drogas.Si nuestra comunicación fuera la música nos entenderíamos mejor, debido al carácter universal de la misma. Este es un punto clave entre la palabra y el arte. * Actualmente cursa la Licenciatura en Comunicación en la Universidad Iberoamericana León. Bibliografía: (1) Rubio Rubio Alfonso, “Historia de la música en los siglos”, 1996. ED sol 3ra edición. Madrid, España. PP. 174 (2) http://www.brainmusic.org/ Artículo tomado de: http://bitacoracultural.com/index.php?option=com_content&task=view&id=3289&Itemid=38
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