Todo por Sandra
Cuento
Autor: Fernando José Martínez Alderete
Ayer, justo esa noche en que ocurrió todo, fue el día en que mis padres me obsequiaron una cena para festejar mi próxima graduación de maestría. Yo elegí que fuera lo más discreta posible, no me gustan las multitudes, sólo estuvo Sandra, el amor de mi vida y compañera de universidad, mis dos hermanas, Ana y María, además mis padres, por supuesto.
Luego de cenar una deliciosa pierna de cerdo en salsa de cerezas, ensalada Cesar, vino tinto, dulces de almendra y pastel de chocolate, mi fascinación, conversamos un poco.
Mamá estuvo muy seria durante toda la velada, parecía enojada con las situaciones alegres que veía entre nosotros. Tenía el rostro endurecido como una piedra, las manos ansiosas y la piel pálida.
Por fin nos quedamos a solas, papá, mamá y yo, después de despedir a mis hermanas que salieron de prisa para atender a sus maridos, pues debido a las presiones de sus trabajos no pudieron asistir.
A las once de la noche, hora en que todo terminó, ya debían estar en casa. Sandra aprovechó el momento para irse a su casa en compañía de Ana, por suerte son vecinas.
Al cerrar la puerta inmediatamente comenzó el discurso de Doña Sara…
-No sé cuántas veces…, pero aún no me canso de repetírtelo José… ¡No me gusta!
-¡Esa niña no me agrada! ¡No te conviene!
-¡No es de tu clase social!
-¡Hasta cuándo tengo que decírtelo!
¡Me tiene hasta la coronilla!, ¡Dios mío, no aguanto estos dolores de cabeza!, ¡Dice puras tonterías! ¡Terminarás divorciado y amargado, sólo entonces estarás feliz, cuando tu madre sea tristemente desgraciada!
-Sara, no empieces, deja al muchacho en paz.
-Claro, tu padre es tu cómplice, lo que quiero es que no sufras en el futuro.
Yo me abstuve de decir algo, aquellas frases me dolían demasiado, todo mi ser era una dualidad entre el agradecimiento del hijo y el amor profundo del hombre por una mujer dulce e inteligente.
Me quedé sentado, en espera de poder estar solo, en la quietud de mi cuarto, con la luz apagada para dormir y no pensar en nada.
Me resulta difícil comprender por qué a mis 26 años, cuando ya tengo madurez y me falta una semana para graduarme, me sigue tratando como a un niño, cada vez más me distancio de ella, las discusiones son en extremo frecuentes por esa razón.
Ella y mis hermanas me enseñaron todo el respeto al mal llamado sexo débil, creo que parir un hijo no sería tarea fácil para un hombre, Por eso las valoro tanto. A las mujeres, siempre las he amado, para mí no son débiles.
Las cartas de amor que le escribía a Sandra eran un pasaporte a la felicidad entre sus brazos, las impregnaba de imaginación, anhelos, poesía. Muchas veces antes de entregarlas en las manos de Sandra, mamá hurgaba en mi portafolio y las rompía, me dejaba recados llenos de chantajes diciéndome…
- ¡Te vas a arrepentir de este ridículo romance, si algún día te casas con esa mujer, llorarás sangre y sentirás mi desprecio!
Tuve que ingeniármelas para encontrar otros rincones donde esconder las pocas que logré salvar.
Del mismo modo obsesivamente, ella me seguía hasta la escuela Por las tardes, se asomaba por las ventanas, debía mantenerse segura de que yo estaba en mis salones en lugar de la casa de mi novia, el director me lo dijo varias veces.
Me importaba muy poco, sólo esperaba las dulces palabras del profesor diciéndonos…
-Hasta el lunes.
Para inminentemente salir de prisa sin caber en mí de lo contento que me sentía, corría, rompiendo las aglomeraciones de mis compañeros en los pasillos.
Mi mirada se enfocaba en esa muchacha de cabello largo, lacio y rojizo, nariz afilada, mediana, ojos grandes color marrón, mirada traviesa, mejillas rosadas y estatura media que es Sandra. A medida que ella se acercaba me sentía ansioso, además el corazón me brincaba por tenerla entre mis brazos, besarla con delicadeza y evitar a toda costa que un momento así culminara por la aprensión de tener que llegar temprano a casa
. -¡Hola!, ¡te vi desde el piso de arriba!, le dije, dándole un beso.
- Yo…
- ¿Tú qué? Le respondí.
- Yo sólo sé que te amo como a nadie. -¿Irás a ver películas a mi casa?, me preguntó.
- Tú iras a la mía le increpé, recuerda que tenemos la cena con mis padres esta noche.
- ¡Pero tu madre no me quiere!
- Yo sí, ¿con eso te basta?
- Afirmativo, amor.
- Mi plan es que nos casemos por el civil en una semana. Te irás conmigo a Madrid. ¿Cómo lo ves?
- Oye pero…
No la dejé hablar, cerré su boca de niña con un beso, pegándola contra mí pecho, nos quedamos así por largo rato, mirándonos, mientras le acariciaba su pelo hacia atrás.
- ¿Te gustaría ir España? le pregunté.
- ¿España?, exclamó intrigada. –No importa donde me quieras llevar, me expresó con aire de enamorada, - contigo voy a donde sea.
Un segundo más tarde me contó lo sucedido anteayer, sentándonos en una banca de los jardines de la universidad, mientras reía un poco. Resulta que me llamó por teléfono, no me encontró, mamá le dijo que estaba en un hotel con Clara una compañera, Clara se hallaba con Sandra en ese instante, gracias a eso se evitó un problema entre los dos. Desde entonces yo le guardé coraje a Doña Sara, a veces me cuesta trabajo nombrarla madre.
Esa noche me siguió escaleras arriba hasta mi cuarto con su letanía, cerré la puerta, me gritó con rabia que el padre de Sandra dejó en la miseria a su hermano, mi tío Juan y por eso don Gilberto se hizo rico, debido a los fraudes que cometió cuando Administraba su restaurante.
Yo no le creí, ha inventado tantas cosas que podría ser una más, en todo caso mi novia está fuera de ese asunto.
Tenía que tomar una decisión, empecé a hacer mi maleta para huir con Sandra, le llamé le dije que pasaría por ella.
- ¿Estás loco?, mi familia se va a dar cuenta.
Le rogué que escapara por una ventana, luego le explicaría.
Nos íbamos a juntar en la terminal y tomar un autobús al DF.
Mamá seguía con sus frases retadoras.
Entonces salí lentamente, choqué con su cuerpo, ella fue tras de mí, tomé la pistola del escritorio de papá y por eso estoy aquí señor juez.
La maté.
Sandra se quedó esperándome en la terminal, no le pude avisar que estoy detenido.
Lo hice por amor a ella y no me arrepiento. Todo por Sandra.
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