Árboles negros

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martes, 5 de mayo de 2009

La literatura Muchas veces se ha vuelto Realidad

Por Fernando José Martínez Alderete

Sabemos que la ciencia y la tecnología nos han llevado a vivir un mundo más confortable gracias a la naturaleza e inteligencia humana; el comportamiento de ambos aspectos permite desarrollar teorías y comprobaciones sorprendentes, que han devenido en el perfeccionamiento de medicinas, armas, aparatos y un sinfín de objetos imposibles de enumerar.
En ocasiones los inventos surgen como sorpresas; es decir: cuando los creadores de ciertas cosas buscaban la fórmula para limpiar un metal, obtuvieron un explosivo; al tratar de crear un jarabe contra la tos, lo convirtieron en el refresco más famoso del planeta.
Algo parecido pasa en la literatura, ese mundo que nos entretiene, que nos hace viajar por situaciones, lugares o quimeras que a simple vista son fantasías pero algunas veces se transforman en realidades.
Varios novelistas se han adelantado a la actualidad, apropiándose de ideas concebidas gracias a sabios de su época que las tuvieron como proyecto no realizado por esos años y ahora son tangibles. Quizá escribieron libros cuyo tema, según ellos rebasaba la lógica como burla a los pequeños descubrimientos científicos o por falta de fe en estos. Tal es el caso de Julio Verne, un ferviente incrédulo de la capacidad del hombre de llegar a la luna; por tal motivo escribió “Viaje a la luna” en el año de 1870. Casi un siglo después se lograría esta hazaña.
Aldous Huxley en 1932, planteó en su novela “Un mundo feliz”, la posibilidad de clonar seres humanos; aunque aún no hemos tenido noticias de que esto se haya logrado y todavía conservemos nuestra identidad, hemos sido testigos de cómo las ciencias biomédicas han conseguido la clonación de animales. Igualmente H.G. Wells, en su obra “The world set Free” (1914),[1] nos ofrece una perspectiva de lo que podría suceder si continua el derretimiento de los glaciares y el calentamiento global.
Los literatos muchas veces han sido profetas, grandes lectores de las situaciones actuales; donadores de ideas a estudiosos de gran cantidad de ramas de el conocimiento científico, con su imaginación lograron trascender e inspiraron a otros para ver la verdad dentro de la ficción y hacerlas convergentes.
Definitivamente la creatividad nos mantiene despiertos, jóvenes, llenos de alegría. Nunca desechemos las ideas creativas; de esta manera podremos repercutir en el mundo, ser distintos. Perdamos el miedo a pensar, innovar, poniéndole amor a lo que hacemos. Tal vez nos suceda algo similar a estos escritores y hombres de ciencia, quienes fueron capaces de creer en un futuro lleno de fe y esperanza o quizá nos anticipemos a evitar el desastre de la humanidad.

[1] Sabía usted qué? Pág.167 ED. Readers digest México 1998 5ª edición

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